Ruta literaria Juan Ramón Jiménez

3º ESO, IES Muriedas

Poemas y fragmentos 24/02/2010

DESCARGAR ANTOLOGÍA DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

 

JRJ: LOS LUGARES DEL QUERER

 

REMEMBRANZAS

 

Recuerdo que cuando niño

me parecía mi pueblo

una blanca maravilla,

un mundo mágico, inmenso;

las casas eran palacios

y catedrales los templos;

y por las verdes campiñas

vagaba alegre, contento,

inundado de ventura

al mirar el limpio cielo,

celeste como mi alma,

como mi alma sereno,

creyendo que el horizonte

era de la tierra el término…

No veía en su ignorancia

mi inocente pensamiento,

otro mundo más hermoso

que aquel mundo de mi pueblo…;

¡qué blanco, qué blanco todo!

¡todo qué grande, qué bello!

Recuerdo también que un día

en que regresé a mi pueblo

después de largos viajes,

me pareció un cementerio;

en su mezquina presencia

se agigantaba mi cuerpo…;

las casas no eran palacios,

ni catedrales los templos,

y en todas partes reinaban

la soledad y el silencio…

Extraña impresión sentía

buscando en mi pensamiento

la memoria melancólica

de aquellos felices tiempos,

en que no soñaba un mundo

como el mundo de mi pueblo…

¡Cuántas veces, entre lágrimas,

con mis blancos días sueño,

y reconstruyo en mi mente

la visión de aquellos tiempos!

¡Ay! ¡quién de nuevo pudiera

encerrar el pensamiento

en su cárcel de ignorancia!

¡quién pudiera ver de nuevo

el mundo más sonriente

en el mundo de mi pueblo…!

                                         (Almas de violeta, 1900)

Aquella tarde, al decirle

que me alejaba del pueblo,

me miró triste, muy triste,

vagamente sonriendo.

Me dijo: ¿por  qué te vas?

Le dije: porque el silencio

de estos valles me amortaja

como si estuviera muerto.

-¿Por qué te vas? –He sentido

que quiere gritar mi pecho,

y en estos valles callados

voy a gritar y no puedo.

Y me dijo: ¿a dónde vas?

Y le dije: a donde el cielo

esté más alto y no brillen

sobre mí tantos luceros.

La pobre hundió su mirada

allá en los valles desiertos

y se quedó muda y triste,

vagamente sonriendo.

                                         (Rimas, 1902)

MOGUER

 

Moguer. Madre y hermanos.

El nido limpio y cálido…

¡Qué sol y qué descanso

de cementerio blanqueado!

Un momento, el amor se hace lejano.

No existe el mar; el campo

de viñas, rojo y llano,

es el mundo, que el mar adorna sólo, claro

y tenue, como un resplandor vano.

¡Aquí estoy bien clavado!

¡Aquí morir es sano!

¡Este es el fin ansiado

que huía en el ocaso!

Moguer. ¡Despertar santo!

Moguer. Madre y hermanos.

                                         (Diario de un poeta recién casado, 1917)

AURORAS DE MOGUER

¡Los álamos de plata,

saliendo de la bruma!

¡El viento solitario

por la marisma oscura,

moviendo –terremoto

irreal- la difusa

Huelva lejana y rosa!

¡Sobre el mar, por La Rábida,

en la gris perla húmeda

del cielo, aún con la noche

fría tras su alba cruda

-¡horizonte de pinos!-,

fría tras su alba blanca,

la deslumbrada luna!

                                         (Poesía, 1923)

 

GIRALDA

 

Giralda, qué bonita

me pareces, Giralda –igual que ella,

alegre, fina y rubia-,

mirada por mis ojos negros –como ella-,

apasionadamente.

¡Inefable Giralda,

gracia e inteligencia, tallo libre

-¡oh palmera de luz!

¡parece que se mece, al viento, el cielo!-

del cielo inmenso, el cielo

que sobre ti –sobre ella- tiene,

fronda inefable, el paraíso!

                                                           (Diario de un poeta recién casado, 1917)

TÚ Y SEVILLA

 

A Sevilla le echo los requiebros

que te echo a ti. Se ríen,

mirándola, estos ojos que se ríen

cuando te miran.

                                                 Me parece

que, como tú, llena ella el mundo,

tan pequeño y tan mágico con ella, digo,

contigo, ¡tan inmenso,

tan vacío sin ti, digo, sin ella!

¡Sevilla, ciudad tuya,

ciudad mía!

                                                            (Diario de un poeta recién casado, 1917)

EL PUERTO DE SANTA MARÍA

 

El Colegio de San Luis Gonzaga era muy hermoso. A su enorme extensión y cabida de alumnos debía el ser conocido en toda España por “el colegio grande” […]

La situación de aquel del Puerto, ya en las afueras de la ciudad, era maravillosa. Se hallaba limitado: por la vieja plaza de San Francisco, con sus magnolios y araucarios, próxima a la de toros, que nos mandaba en los domingos de primavera, a los alumnos castigados, al son de sus clarines; por una calle larga de bodegas, con salida a un ejido donde pastaban las vacas y becerros que despertaron en mí y otros muchachos esperanzas taurinas; y por el primoroso mar de Cádiz, cuyo movimiento de gaviotas y barcos seguíamos, a través de eucaliptos y palmeras, desde las ventanas occidentales del edificio, en las horas de estudio.

La primera mañana de mi ingreso en aquel palacio de los jesuitas, se me ha extraviado; pero como todas fueron más o menos iguales, puedo decir que llegaba siempre casi dormido, pues las seis y media, noche cerrada de invierno, no es una hora muy agradable de oír misa, comulgar y abrir luego, todavía en ayunas, un libro de aritmética[…]

Allí sufrí, rabié, odié, amé, me divertí y no aprendí casi nada durante cerca de cuatro años de externado […]

¡Las dunas! Durante las rabonas, que decidí conocer y disfrutar a principios del tercer año, ellas fueron, con su arena dorada y movediza, mi refugio ardoroso, mi fresca guarida, mientras las duras horas de las matemáticas y los rosarios del atardecer […]

Sólo los niños ciegos, buenos y tontos del colegio no han conocido aquellas horas radiosas, llenas de viento y sales, temblorosas del blanco de las salinas hacia Puerto Real y la Isla, suficientes para empapar toda la vida de una infinita luz azul, ya imposible de desterrarla de los ojos.

                                                           Rafael Alberti, La arboleda perdida

 

 

LA SOLEDAD SONORA

 

No me tienta la gloria. Sólo una vida en paz,

rica de los tesoros del amor y la lira,

en una estancia dulce, solitaria, serena,

llena de libros bellos, con flores, encendida!

Estancia adonde, a veces, la amistad se llegara,

a llamar a la puerta con mano noble y limpia,

retiro adonde, a veces, se asomara el amor

con la mirada extraviada y conmovida…

Que el lujo y el rumor se queden para otros…

a mí me basta con mi fe en las armonías,

en una estancia plácida, alejada, callada,

llena de libros bellos, con flores, encendida!

                                               (Melancolía, 1912)

Surgir, todos los días, limpio, como el crepúsculo,

de la amarga aspereza del día solitario…

vencer las negras dudas con una luz de rosa,

hacerse, cada hora, más noble y más lejano…

Diluirse en una vaga idealidad celeste,

en donde apunten claras estrellas de topacio…

no ser como los otros… desprenderse de todo…

esperar a la muerte soñando y suspirando…

Que el corazón se ponga transparente y abierto

como la cristalina ilusión del ocaso…

un ocaso divino, que persista en la noche

de las melancolías y de los desengaños…

                                               (Melancolía, 1912)

SOLEDAD

En ti estás todo, mar, y sin embargo,

¡qué sin ti estás, qué solo,

qué lejos, siempre de ti mismo!

Abierto en mil heridas, cada instante,

cual mi frente,

tus olas van, como mis pensamientos,

y vienen, van y vienen,

besándose, apartándose,

en un eterno conocerse,

mar, y desconocerse.

Eres tú, y no lo sabes,

tu corazón te late y no lo siente…

¡Qué plenitud de soledad, mar solo!

                                   (Diario de un poeta recién casado, 1917)

¡Siempre, después, qué contento

cuando me quedo conmigo!

¡Lo que iba a ser mi minuto,

fue, corazón, mi infinito!

                                               (Piedra y cielo, 1919)

NADA IGUAL

Tranquilas, serias o alegres,

sin que nadie las estorbe,

juegan su luz y su sombra

la nube con la montaña.

(La gran plenitud aparte

que el alma perdida anhela:

vida, realización,

nada mejor que la altere.)

¡Qué loco estar en su sitio,

qué hondo sentir lo que son,

qué alto no necesitar

nada igual, nada distinto!

Juegan su frío y su sol

la nube con la montaña,

indiferentes al eco

y al águila. Y al poeta.

                                   (La estación total con Las canciones de la nueva luz, 1946)

EL CREADOR SIN ESCAPE

I (El ejemplo)

Enseña a dios a ser tú.

Sé solo siempre con todos,

con todo, que puedes serlo.

(Si sigues tu voluntad,

un día podrás reinarte

solo en medio de tu mundo?

Solo y contigo, más grande,

más solo que el dio que un día

creíste dios cuando niño.

                                   (La estación total con Las canciones de la nueva luz, 1946)

LA DULCE MELANCOLÍA

 

Mi alma es hermana del cielo

gris y de las hojas secas;

sol enfermo del otoño,

mátame con tu tristeza!

Los árboles del jardín

están cargados de niebla:

mi corazón busca en ellos

esa novia que no encuentra;

Y en el sueño frío y húmedo

me esperan las hojas secas:

¡Si mi alma fuera una hoja

y se perdiera con ellas!

El sol ha mandado un rayo

de oro viejo a la arboleda,

un rayo flotante, dulce

luz para las cosas muertas.

¡Qué ternura tiene el pobre

sol para las hojas secas!

Un tristeza infinita

vaga por todas las sendas,

Lenta , antigua sinfonía

de música y de esencias,

algo que dora el jardín

de ensueño de primavera.

Y esa luz de ensueño y oro

que muere en las hojas secas,

alumbra en mi corazón

no sé qué vagas tristezas.

                                      (Arias tristes, 1903)

Agua verde y dormida, que no quieres ninguna

gloria, que has desdeñado ser fiesta y catarata,

que cuando te acarician los ojos de la luna

te llenas toda de pensamientos de plata…

Agua limpia y callada del remanso doliente,

que has despreciado el brillo del triunfo sonoro,

que cuando te penetra el sol dulce y caliente,

te llenas toda de pensamientos de oro…

Triste y profunda eres, lo mismo que mi alma:

a tu sombra han venido a pensar los dolores

y brotan, en la plácida delicia de la calma,

los más puros ensueños y las más bellas flores…

                                                           (La soledad sonora, 1911)

Coronaba la tarde mi tristeza

con sus multiplicados resplandores,

y eran oro magnífico estas flores

mustias, adorno vil de mi cabeza.

Desde la cumbre de mi realeza,

sonreí, campeador, a mis dolores;

cual miel, paladeé mis sinsabores;

pensé que el pesar era la belleza.

Mujer al fin, la tarde, vanamente

se desnudaba de su luz; las cosas

se quedaban sin ansia y sin sentido…

Volví a ser yo. Las flores de mi frente

volaron cual doradas mariposas

y me quedé hecho el rey del olvido.

                                                           (Sonetos espirituales, 1917)

LA EXPERIENCIA DE LA POESÍA

 

AL SONETO CON MI ALMA

Como en el ala el infinito vuelo,

cual en la flor está la esencia errante,

lo mismo que en la llama el caminante

fulgor, y en el azul el solo cielo;

Como en la melodía está el consuelo,

y el frescor en el chorro, penetrante,

y la riqueza noble en el diamante,

así en mi carne está el total anhelo.

En ti, soneto, forma, esta ansia pura

copia, como en un agua remansada,

todas sus inmortales maravillas.

La claridad sin fin de su hermosura

es, cual cielo de fuente, ilimitada

en la limitación de tus orillas.

                                               (Sonetos espirituales, 1917)

EL POEMA

¡No le toques ya más,

que así es la rosa!

                        (Piedra y cielo, 1919)

De pronto, me dilata

mi idea,

y me hace mayor que el universo.

Entonces, todo

se me queda dentro. Estrellas

duras, hondos mares,

ideas de otros, tierras

vírgenes, son mi alma.

Y en todo mando yo,

mientras, sin comprenderme,

todo en mí piensa.

                                               (Piedra y cielo, 1919)

FIESTA

Las cosas están echadas,

mas de pronto se levantan

y en procesión alumbrada

se entran cantando en mi alma.

                                               (Poesía, 1923)

Poder que me utilizas,

Como médium sonámbulo,

Para tus misteriosas comunicaciones;

¡he de vencerte, sí,

he de saber qué dices,

qué me haces decir, cuando me coges;

he de saber qué digo, un día!

                                               (Poesía, 1923)

LO REAL MARAVILLOSO

 

OTOÑO

Esparce octubre, al blando movimiento

del sur, las hojas áureas y las rojas,

y en la caída clara de sus hojas

se lleva al infinito el pensamiento.

¡Qué amena paz en este alejamiento

de todo, ¡oh prado bello, que deshojas

tus flores, oh agua, fría ya, que mojas

con tu cristal estremecido el viento!

¡Encantamiento de oro! ¡Cárcel pura,

en que el cuerpo, hecho alma, se enternece,

echado en el verdor de una colina!

En una decadencia de hermosura,

la vida se desnuda, y resplandece

la excelsitud de su verdad divina.

                                                           (Sonetos espirituales, 1917)

MONOTONÍA

El mar de olas de zinc y espumas

de cal, nos sitia

con su inmensa desolación.

Todo está igual –al norte,

al este, al sur, al oeste, cielo y agua-,

gris y duro,

seco y blanco.

                         ¡Nunca un bostezo

mayor ha abierto de este modo el mundo!

Las horas son de igual medida

que todo el mar y todo el cielo

gris y blanco, seco y duro;

cada una es un mar, y gris y seco,

y un cielo, y duro y blanco.

¡No es posible salir de este castillo

abatido del ánimo!

Hacia cualquiera parte –al oeste,

al sur,  al este, al norte-,

un mar de zinc y yeso,

un cielo, igual que el mar, de yeso y zinci,

-ingastables tesoros de tristeza-,

sin naciente ni ocaso…

                                   (Diario de poeta recién casado, 1917)

Parece, mar, que luchas

-¡oh desorden sin fin, hierro incesante!-

por encontrarte o porque yo te encuentre.

¡Qué inmenso demostrarte,

en tu desnudez sola

-sin compañera… o sin compañero

según te diga el mar o la mar-, creando

el espectáculo completo

de nuestro mundo de hoy!

Estás, como en un parto,

dándote a luz -¡con qué fatiga!-

a ti mismo, ¡mar único!,

a ti mismo, a ti solo y en tu misma

y sola plenitud de plenitudes,

…¡por encontrarte o porque yo te encuentre!

                                   (Diario de poeta recién casado, 1917)

¡Quién, quién, naturaleza,

levantando tu gran cuerpo desnudo,

como las piedras, cuando niños,

se encontrara debajo

tu secreto pequeño e infinito!

                                   (Piedra y cielo, 1919)

LA NEGRA Y LA ROSA

La negra va dormida, con una rosa blanca en la mano. –La rosa y el sueño apartan, en una superposición mágica, todo el triste atavío de la muchacha: las medias rosas caladas, la blusa verde y transparente, el sombrero de paja de oro con amapolas moradas.- Indefensa con el sueño, se sonríe, la rosa blanca en la mano negra.

¡Cómo la lleva! Parece que va soñando con llevarla bien. Inconsciente, la cuida –con la seguridad de una sonámbula- y es su delicadeza como si esta mañana la hubiera dado ella a luz, como si se sintiera, en sueños, madre del alma de una rosa blanca. –A veces, se le rinde sobre el pecho, o sobre un hombro, la pobre cabeza de humo rizado, que irisa el sol cual si fuese de oro, pero la mano en que tiene la rosa mantiene su honor, abanderada de la primavera.-

Una realidad invisible anda por todo el subterráneo, cuyo estrepitoso negror rechinante, sucio y cálido, apenas se siente. Todos han dejado sus periódicos, sus gomas y sus gritos; están absortos, como en una pesadilla de cansancio y de tristeza, en esta rosa blanca que la negra exalta y que es como la conciencia del subterráneo. Y la rosa emana, en el silencio atento, una delicada esencia y eleva como una bella presencia inmaterial que se va adueñando de todo, hasta que el hierro, el carbón, los periódicos, todo, huele un punto a rosa blanca, a primavera mejor, a eternidad…

                                                           (Diario de un poeta recién casado, 1917)

 

ÁRBOLES HOMBRES

 

Ayer tarde

volvía yo con las nubes

que entraban bajo rosales

(grande ternura redonda)

entre los troncos constantes.

La soledad era eterna

y el silencio inacabable.

Me detuve como un árbol

y oí hablar a los árboles.

El pájaro solo huía

de tan secreto paraje,

sólo yo podía estar

entre las rosas finales.

Yo no quería volver

en mí, por miedo de darles

disgusto de árbol distinto

a los árboles iguales.

Los árboles se olvidaron

de mi forma de hombre errante,

y, con mi forma olvidada,

oía hablar a los árboles.

Me retardé hasta la estrella.

En vuelo de luz suave

fui saliéndome a la orilla,

con la luna ya en el aire.

Cuando yo ya me salía

vi a los árboles mirarme.

Se daban cuenta de todo,

y me apenaba dejarles.

Y yo los oía hablar,

entre el nublado de nácares,

con blando rumor, de mí.

Y ¿cómo desengañarles?

¿Cómo decirles que no,

que yo era sólo el pasante,

que no me hablaran a mí?

No quería traicionarles.

Y ya muy tarde, ayer tarde

oí hablarme a los árboles.

                                   (Romances de Coral Gables, 1948)

CON TU PIEDRA

El cielo pesa lo mismo

que una cantera de piedra.

Sobre la piedra del mundo

son de piedra las estrellas.

¡Esta enorme cargazón

de piedra encendida y yerta!

Piedras las estrellas todas,

piedras, piedra, piedras, piedra.

Entre dos piedras camino,

me echo entre piedra y piedra;

piedras debajo del pecho

y encima de la cabeza.

Y si quiero levantarlas,

me hiere la piedra eterna;

si piso desesperado,

sangro en la piedra terrena.

¡Qué dolor de alma, piedra;

carne, qué dolor de piedra;

qué cárcel la noche, piedra

cercada y cerca de piedra!

Con tu piedra me amenazas,

destino de piedra y piedra.

Con tu piedra te daré

en tu corona de piedra.

                                               (Romances de Coral Gables, 1948)

EL AMOR EN POESÍA

 

En el balcón, un momento

nos quedamos los dos solos;

desde la dulce mañana

de aquel día, éramos novios.

El paisaje soñoliento

dormía sus vagos tonos

bajo el cielo gris y rosa

del crepúsculo de otoño.

Le dije que iba a besarla;

la pobre bajó los ojos

y me ofreció sus mejillas

como quien pierde un tesoro.

Las hojas muertas caían

en el jardín silencioso,

y en el aire fresco erraba

un perfume de heliotropos.

No se atrevía a mirarme;

le dije que éramos novios,

y las lágrimas rodaron

de sus ojos melancólicos.

                                               (Rimas, 1902)

Mientras ella, divina de rubor, entre el leve

espumear fragante de sus batistas blancas,

me dejaba morderle los labios y los pechos,

el colorismo de oro de los pueblos pasaba…

Torres con azulejos sobre cielos de esmalte,

riachuelos tranquilos con orillas de llamas,

y calles que se abrían hacia el tren, desde donde

mujeres, con un cántaro, riendo, saludaban…

Venían a nosotros los sones melancólicos

de las vísperas dulces de no sé qué campanas…

anhelos pasajeros de pasiones ignotas

se quedaban atrás, en villas momentáneas…

Luego, la suave brisa de la tarde de agosto

refrescó alegremente sus mejillas besadas,

y, mientras me miraba, cogiéndose el cabello,

en sus ojos floridos las praderas pasaban…

                                               (Melancolía, 1912)

Bajo el bronce sombrío del jardín, que, al crepúsculo,

prendía sus verdores de rosas suntuosas,

las niñas se reían, con sus vestidos leves,

con sus ojazos negros, tras la cerca mugosa.

Todo se recogía, sin sol; allá en lo alto,

las nubes opulentas hablaban de la gloria…

entre el murmullo blanco de los pinos, se oía

el sollozo apagado y malva de las olas…

Mudos, nos alejábamos… Sonaban, como plata,

las risas, en la calma fragante de la hora…

El camino era estrecho y frondoso…

                                                           Las niñas

se quedaban atrás… con el mar… con las rosas…

                                               (Melancolía, 1912)

Subes de ti misma,

como un surtidor

de una fuente.

                         No

se sabe hasta dónde

llegará tu amor,

porque no se sabe

dónde está el venero

de tu corazón.

Eres ignorada,

eres infinita,

como el mundo y yo.

                                   (Estío, 1916)

Deprisa, tierra, deprisa;

deprisa, deprisa, sol;

descomponed el sistema,

que me espera a mí el amor.

¿Qué importa que el universo

se trastorne, tierra, sol?

Todo es humo, sólo es gloria

que me espera a mí el amor.

¡A la nieve con la espiga!

¡Anda, tierra; vuela, sol!

¡Abreviadme la esperanza,

que me espera a mí el amor!

                                               (Estío, 1916)

Lejos tú, lejos de ti;

yo, más cerca de mí mismo;

afuera tú, hacia la tierra,

yo hacia adentro, al infinito.

Los soles que tú verás

serán los soles ya vistos;

yo veré los soles nuevos

que sólo enciende el espíritu.

Nuestros rostros, al volverse

a hallar, no dirán lo mismo;

tu olvido estará en tus ojos,

en mi corazón el mío.

                                               (Estío, 1916)

GUARDIA DE AMOR

Pongo mi voluntad, en su armadura

de dolor, de trabajo y de pureza,

a cada puerta de la fortaleza

porque sueles entrar en mi amargura.

Mensajes de deleite y de ternura

escucho en torno, en la delicadeza

del verde campo en flor… -¡Ya mi tristeza

va a sucumbir, de nuevo, a tu locura!-…

Para no oírte, muevo mis esposas,

y golpeo el escudo con la espada,

de mi pasión, a un tiempo, esclavo y dueño.

Mas el dormir me ata con tus rosas,

y tú te entras, cruel y desvelada,

por la puerta vendida de mi sueño.

                                                           (Sonetos espirituales, 1917)

NADA

A tu abandono opongo la elevada

torre de mi divino pensamiento;

subido a ella, el corazón sangriento

verá la mar, por él empurpurada.

Fabricaré en mi sombra la alborada,

mi lira guardaré del vano viento,

buscaré en mis entrañas mi sustento…

Mas ¡ay! ¿y si esta paz no fuera nada?

¡Nada, sí, nada, nada!… –O que cayera

mi corazón al agua, y de este modo

fuese el mundo un castillo hueco y frío…-

Que tú eres tú, la humana primavera,

la tierra, el aire, el agua, el fuego, ¡todo!

…¡y yo soy sólo el pensamiento mío!

                                                           (Sonetos espirituales, 1917)

EL CORAZÓN ROTO

Creí que el pobre corazón ya estaba

compuesto para siempre. Me lo había

atado con las cuerdas de poesía

de mi lira alta y pura.

                                    Comenzaba

a florecer, por donde yo pasaba,

nueva y gentil, la primavera mía;

sueños de paz y cantos de alegría

la luz del sol en mi rincón entraba.

Entre las rosas, tú te apareciste,

como siempre reidora e inconstante,

salvando redes y tendiendo lazos…

El mirar noble se me puso triste,

y el mal atado corazón amante

se me quedó, otra vez, hecho pedazos.

                                                           (Sonetos espirituales, 1917)

OCTUBRE

Estaba echado yo en la tierra, enfrente

del infinito campo de Castilla,

que el otoño envolvía en la amarilla

dulzura de su claro sol poniente.

Lento, el arado, paralelamente

abría el haza oscura, y la sencilla

mano abierta dejaba la semilla

en su entraña partida honradamente.

Pensé arrancarme el corazón y echarlo,

pleno de su sentir alto y profundo,

al ancho surco del terruño tierno,

a ver si con partirlo y con sembrarlo,

la primavera le mostraba al mundo

el árbol puro del amor eterno.

                                                           (Sonetos espirituales, 1917)

Aun cuando el mar es grande,

como es lo mismo todo,

me parece que estoy ya a tu lado…

Ya sólo el agua nos separa,

el agua que se mueve sin descanso,

¡el agua, sólo, el agua!

                                   (Diario de un poeta recién casado, 1917)

MENOS

¡Todo es menos! El mar

de mi imaginación era el mar grande;

el amor de mi alma sola y fuerte

era sólo el amor.

                             Más fuera estoy

de todo, estando más adentro

de todo. ¡Yo era solo, yo era solo

-¡oh mar, oh amor!- lo más!

                                   (Diario de un poeta recién casado, 1917)

SOL EN EL CAMAROTE

Amor, rosa encendida,

¡bien tardaste en abrirte!

La lucha te sanó,

y ya eres invencible.

Sol y agua anduvieron

luchando en ti, en un triste

trastorno de colores…

¡Oh días imposibles!

Nada era, más que instantes,

lo que era siempre. Libre,

estaba presa el alma.

-A veces, el arco iris

lucía brevemente

cual un preludio insigne…-

Mas tu capullo, rosa,

dudaba más. Tuviste

como convalecencias

de males infantiles.

Pétalos amarillos

dabas en tu difícil

florecer…¡Río inútil,

dolor, cómo corriste!

Hoy, amor, frente a frente

del sol, con él compites,

y no hay fulgor que copie

tu lucimiento virgen.

¡Amor, juventud sola!

¡Amor, fuerza en su origen!

¡Amor, mano dispuesta

a todo alzar difícil!

¡Amor, mirar abierto,

voluntad indecible!

                                   (Diario de un poeta recién casado, 1917)

EL RECUERDO

I

¡No te vayas, recuerdo, no te vayas!

¡Rostro, no te deshagas, así

como en la muerte!

¡Seguid mirándome, ojos grandes, fijos,

como un momento me mirasteis!

¡Labios, sonreídme,

como me sonreísteis un momento!

II

¡Ay, frente mía, apriétate;

no dejes que se esparza

su forma fuera de su continente!

¡Oprime su sonrisa y su mirar,

hasta dejarlas hechas vida mía interna!

III

¡Aunque me olvide de mí mismo;

aunque tome mi rostro, de sentirlo tanto,

la forma de su rostro;

aunque yo sea ella,

aunque se pierda en ella mi estructura!

IV

¡Oh recuerdo, sé yo!

¡Tú –ella- sé recuerdo todo y solo, para siempre;

recuerdo que me mire y me sonría

en la nada;

recuerdo, vida con mi vida,

hecho eterno borrándome, borrándome!

                                               (Piedra y cielo, 1919)

LUZ

 

¿Por qué este olor, mezclado

de carne y de infinito,

en la tarde tranquila?

¿De qué mujer radiante y venidera,

viene ya a mí, como un recuerdo

de mi vida futura?

                                               (Belleza, 1923)

LA AUSENTE

 

Cierra, cierra la puerta,

como a ella le gustaba…

¡Que se encuentre a su gusto

su recuerdo!

                                               (Voces de mi copla, 1945)

LA SOLA

Ante mí estás, sí.

Mas me olvido de ti,

pensando en ti.

                                   (Voces de mi copla, 1945)

EL HECHO

Cuando ella se ha ido,

es cuando yo la miro.

Luego, cuando ella viene,

ella desaparece.

                                   (Voces de mi copla, 1945)

MI TÚ

Tú, mi tú, no podrás

amar a nadie más,

pues no sabrás sin mí

lo que yo amaba en ti.

HACIA LA NO MUERTE

 

TRISTE LEY

 

Desde esta cima donde estoy sentado

miro lleno de vida y de frescura

el verde valle, mágica espesura

por do corre el riachuelo sosegado.

Miro el monte de nieve coronado,

que refleja del sol la lumbre pura,

el cielo de magnífica hermosura,

el mar azul que gime adormilado…

Ante tanta grandeza embebecido,

me postro, alzando humilde la mirada…

¡Que de la nada todo haya salido!

Mas, fatal pensamiento me anonada,

y entre lágrimas dígome abatido:

¿Qué al fin vuelva a parar todo en la nada!

                                   (Publicado en periódico El Programa, en 1899, con 18 años)

Por doquiera, flechas de oro

matan al verano. El aire

lleva penas diluidas,

como venenos la sangre.

Todo –las alas, las flores,

la luz- se va de viaje.

¡Qué de despedidas tristes!

El corazón al mar sale.

Escalofríos y lágrimas.

-¿A dónde os vais? ¿Dónde estáis?-

Todo a todo le pregunta.

Nada ni nadie lo sabe…

                                   (Estío, 1916)

CEMENTERIO

New York, 28 de marzo 1916

Se ha quedado esta pequeña aldea de muertos, olvido que se recordara, al amor de unos árboles que fueron grandes en su niñez agreste, pequeños, hoy que son viejos, entre los terribles rascacielos. La noche deja, ahora, paralelos los vivos que duermen, un poco más alto, con los muertos que duermen, un poco más bajo, hace un poco más tiempo y para un poco más de tiempo. ¡Paralelos hacia un infinito cercano en el que no se encontrarán!

            Quita el viento y pone, cegándome de un agudo blandor, la nieve –que se irisa en sus altos remolinos, a la luz de las farolas blancas-, de las tumbas. Las horas agudizan la sombra, y lo que descansó en la luz del día, está despierto, y mira, escucha y ve. Así, los sueños de estos muertos se oyen, como si ellos soñaran alto, y su soñar de tantos años, más vivo que el soñar de los muertos de una noche, es la vida más alta y más honda de la ciudad desierta.

                                   (Diario de un poeta recién casado, 1917)

¡Cómo aprendemos a morir

en ti, sueño!

¡Con qué belleza magistral

nos vas llevando –por jardines,

que nos parecen cada vez más nuestros-

al gran conocimiento de la sombra!

                                   (Poesía, 1923)

¿Cómo, muerte, tenerte

miedo? ¿No estás aquí conmigo, trabajando?

¿No te toco en mis ojos; no me dices

que no sabes de nada, que eres hueca,

inconsciente y pacífica? ¿No gozas,

conmigo, todo: gloria, soledad,

amor, hasta tus tuétanos?

¿No me estás aguantando,

muerte, de pie, la vida?

¿No te traigo y te llevo, ciega,

como tu lazarillo? ¿No repites

con tu boca pasiva

lo que quiero que digas? ¿No soportas,

esclava, la bondad con que te obligo?

¿Qué verás, qué dirás, adónde irás

sin mí? ¿No seré yo,

muerte, tu muerte, a quien tú, muerte,

debes temer, mimar, amar?

                                               (Poesía, 1923)

¡Ese día, ese día

en que yo mire el mar –los dos tranquilos-

confiado a él; todo mi alma

-vaciada ya por mí en la Obra plena-

segura para siempre, como un árbol grande,

en la costa del mundo;

con la seguridad de copa y de raíz

del gran trabajo hecho!

-¡Ese día, en que sea

navegar descansar, porque haya yo

trabajado en mí tanto, tanto, tanto!-

¡Ese día, ese día

en que la muerte -¡negras olas!- ya no me corteje

-y yo sonría ya, sin fin, a todo-,

porque sea tan poco, huesos míos,

lo que haya dejado yo de mí!

                                               (Poesía, 1923)

CANCIÓN INTELECTUAL

 

Grande, tan grande la vida,

con límites tan sin raya,

que sea -¡gloria!- mayor

que la muerte vanidosa.

Que la muerte vanidosa

sea sólo el punto negro

-olvido, a veces, no visto-

puesto al fin de su gran luz.

Puesto al fin de su gran luz,

punto que no significa;

que no añade ya más término

a lo que, completo, acaba.

                                               (Belleza, 1923)

VIDA, GRACIAS, MUERTE

Gracias, vida, porque se sabido

Entrar en el secreto del espíritu.

(Gracias porque he querido

llegar a lo infinito.)

Gracias, muerte, porque he podido

Sostenerme en el mar del idealismo

                                   (La estación total, con Las canciones de la nueva luz,  1946)

JRJ: CARÁCTER ES DESTINO

 

  • No fumo, no bebo vino, odio el café y los toros, la religión y el militarismo, el acordeón y la pena de muerte. Vivo únicamente por y para la belleza
  • Amo la inquietud en el espíritu y el orden en lo exterior […] y ustedes, cuánto me desordenan lo exterior y me ordenan el espíritu.
  • ¿La cima (que es la sima) de mi antipatía? Una misa de campaña, en una plaza de toros, cosa frecuente en España. El cura, el militar, el torero…y el público de ellos tres.
  • Tan abstraído estoy en lo eterno, que las arañas han tejido su tela entre mis pies.
  • A medida que estudio más, estos hombres me parecen de otro modo. Pero yo les pareceré a ellos siempre el mismo.

 

ENFERMEDAD Y GENIO

 

  • Por mi costumbre de obseso, he tenido que contentarme con ser delicado. Mi delicadeza no es por lo tanto una posesión, sino una resignación.
  • Estoy arrepentido de haber cultivado tanto mi espíritu: el arte en mí, ha tomado caracteres enfermizos, de idea fija.
  • Yo quiero parar, clavar los ojos en las cosas, verlas a ellas; pero las traspaso sin querer, son sólo un cristal para mí, les veo lo de detrás ¡ay! a través de ellas.
  • Los demás sienten y piensan algunas veces; yo siento y pienso siempre. Esta es la razón de mi dolencia.
  • Aquí estoy aislado completamente, y sólo veo a dos personas. Todos son crueles. Me da miedo conocer gente nueva; sueño que cada uno trae un fondo de espinas y nosotros, lo que somos de cristal, de flores, de cosas sutiles y frágiles, no podemos resistir mucho.

 

DOCTOR JEKYLL Y MISTER HYDE

 

  • A veces me hago el malo para que ellos no tengan tanto remordimiento

 

 

LA PALABRA EXACTA

 

  • La forma […] ha de ser tan perfecta, que no exista.
  • El arte ha de ser, ante todo, “conscientemente sensual”, halagador de los “sentidos inteligentes”

 

LA LITERATURA ESPAÑOLA A EXAMEN

  • La literatura castellana: retórica y realismo, sin más, si se exceptúa algo del Quijote
  • Yo soñaba para nuestra lengua una poesía ideal y material, espiritual y sensual, melodiosa, hermosísima, misteriosa, encantadoramente universal, como la mejor de la griega, india, china, arábiga antiguas o de la inglesa moderna; con menos retórica y menos nacionalismo, más alta de esfera, más oreada y más libre. Una poesía constante, como la intentada por San Juan de la Cruz y por Bécquer, pero más abundante y más rica.

 

LA OBRA EN MARCHA

 

  • Los imitadores son útiles, porque haciéndonos odioso lo que imitan, nos obligan constantemente a renovarnos.

 

ZENOBIA

 

  • El amor de la mujer espiritual es el placer más completo

 

JRJ A JUICIO

  • De todos los grandes poetas me parece el de pobreza humana más señalada (Juan Bonilla)
  • “Hijo de la Gran Violeta” (en boca de algunos autores del veintisiete)
  • Los más audaces incluso vertieron insidias un tanto cómicas sobre sus preferencias sexuales (Andrés Trapiello)
  • Neuróticos hay muchos, que no son nada más que eso; neuróticos. Pero neuróticos que escriban como Cernuda o JR sólo existen ellos dos (Ramón Gaya, pintor)

 

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s